¿Sientes que no avanzas? Cómo subirle el ritmo a tu brazada y volar en el agua

¿Sientes que no avanzas? Cómo subirle el ritmo a tu brazada y volar en el agua

¿Sientes que no avanzas? Cómo subirle el ritmo a tu brazada y volar en el agua

Por José M Romero · 15 de January de 2026

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⏱️ Tiempo de lectura: 4 min

Te ha pasado, ¿cierto? Le pones todo el power en la piscina, entrenas con ganas, pero sientes que te quedas pegado en la misma velocidad. Mueves los brazos más rápido, pero el cronómetro no te acompaña. Tranquilo, no es que te falte fuerza, es muy probable que el problema esté en tu frecuencia de brazada, ese ritmo que llevas en el agua y que es clave para nadar más rápido y eficiente.

Tu mano entra al agua... y se toma unas vacaciones

Uno de los errores más comunes es la desconexión entre la entrada de la mano y el inicio de la tracción. La mano entra al agua y, en lugar de empezar a “agarrar” agua para impulsarte, se queda quieta un par de segundos. Es un pequeño "punto muerto" que, sumado en cada brazada, te frena un montón.

  • La solución: Piensa en tu brazada como una cadena continua. Apenas tus dedos toquen el agua, tu antebrazo debe activarse para empezar a jalar. El objetivo es que siempre una mano esté impulsándote. Un buen ejercicio es el nado a un solo brazo, concentrándote en que no haya pausa entre que la mano entra y empieza a empujar.

El síndrome del deslizamiento eterno

El "glide" o deslizamiento es bueno, pero en exceso se convierte en tu peor enemigo. Muchos nadadores extienden el brazo y esperan demasiado tiempo antes de empezar la siguiente brazada, creyendo que así son más eficientes. Lo que en realidad logran es frenarse y perder todo el impulso que habían generado. ¡Es como poner el freno de mano entre cada pedaleo en la bicicleta!

  • La solución: Acorta esa pausa. Enfócate en un movimiento rítmico y constante. Si quieres un desafío, prueba el "golf acuático": nada 50 metros contando tus brazadas y sumando tu tiempo en segundos. El objetivo es bajar ese número total, lo que te obliga a ser más eficiente pero sin quedarte pegado.

El agarre fantasma: cuando tu mano no muerde el agua

Para avanzar, necesitas anclar tu mano y antebrazo en el agua y usar ese punto de apoyo para mover tu cuerpo hacia adelante. Si tu mano simplemente "raspa" el agua con el codo caído, estás perdiendo una cantidad enorme de propulsión. Es como intentar correr en una superficie llena de aceite.

  • La solución: ¡El famoso codo alto es tu mejor amigo! Concéntrate en mantener el codo más arriba que la mano durante la fase inicial de la tracción. Esto permite que todo tu antebrazo funcione como una gran paleta. Un ejercicio clásico y brutalmente efectivo es nadar con los puños cerrados para obligarte a usar el antebrazo.

Frenando con el cuerpo: el ancla que no sabías que llevabas

De nada sirve tener una brazada perfecta si tus piernas y caderas van hundidas, creando un arrastre tremendo. Una mala posición corporal es como nadar con un paracaídas. Tu motor (los brazos) puede estar a toda máquina, pero el freno está puesto.

  • La solución: Activa tu zona media. Un core de acero es fundamental para mantener el cuerpo plano y alineado. Asegúrate de que tu cabeza esté en una posición neutra, mirando hacia el fondo de la piscina. Ejercicios como la patada vertical o usar un snorkel para concentrarte solo en la posición del cuerpo te ayudarán a sentir la diferencia.

Te quedas sin bencina muy rápido

A veces, el problema es simplemente físico. Mantener una frecuencia de brazada más alta exige un motor aeróbico bien preparado. Quizás puedes hacerlo durante 25 metros, pero luego el cansancio te obliga a bajar el ritmo, a deslizar más y a perder la técnica.

  • La solución: Entrena para ello. Incluye en tus rutinas series cortas y rápidas con poco descanso, enfocadas en mantener una alta frecuencia de brazada sin que la técnica se desarme. El objetivo es enseñarle a tu cuerpo a soportar esa intensidad por más tiempo y a ser eficiente incluso cuando estás cansado.

Aumentar tu ritmo no se trata de mover los brazos a lo loco, sino de eliminar las pausas y los frenos que te restan velocidad. Cada brazada debe ser una pieza conectada con la siguiente, creando un ciclo de propulsión imparable que te haga sentir poderoso en el agua.

Más que velocidad, busca conexión. En tu próximo entrenamiento, elige solo uno de estos puntos y concéntrate exclusivamente en él. Olvídate del cronómetro por un rato y dedica toda tu atención a sentir cómo tu cuerpo responde a ese pequeño cambio. Verás que los grandes avances se construyen con pequeños ajustes.

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