marzo 07, 2021

El diverso camino del Gwen Jorgensen después de su oro olímpico

Por @matiasyukich

El 20 de agosto del 2016, y tras 1h56.16, la estadounidense Gwen Jorgensen se coronaba campeona olímpica de triatlón en los Juegos de Rio anotando el actual récord en la prueba de las cinco argollas con parciales de 19m12 en los 1.500 metros de natación, 1h01.21 en los 40 kilómetros de ciclismo y 34m09 en los 10 kilómetros de trote. En la prueba brasilera la nacional Bárbara Riveros conseguiría el 5to puesto a sólo 28 segundos del pódium.

El oro de Gwen Jorgensen no fue al azar ni suerte, dado que los años previos a la competencia olímpica logró estar por muchas semanas en el top 1 del ranking planetario femenino, consiguiendo pódiums en pruebas previas como el mundial de la especialidad en Cozumel el 2016 donde consiguió la medalla de plata o bien el mundial de Chicago el 2015 y el de Edmonton el 2014, ambas con la medalla dorada en el pecho.

Luego de su triunfo en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, y para sorpresa de todos los que pensaban que buscaría su bicampeonato olímpico o bien pasaría a las distancias largas, la estadounidense anunció que dejaría el triatlón y pasaría al atletismo con la intención de buscar una medalla olímpica en los 42k. Su primera aproximación en el maratón fue en noviembre del mismo año 2016 donde fue de la partida del Maratón de New York. En la prueba del World Marathon Major la local partiría con el grupo elite y a los pocos kilómetros quedaría descolgada del grupo de avanzada, terminando finalmente en el puesto 14 tras 2h41.01, muy alejada de la ganadora, la keniata Mary Keitany con 2h24.26.

El año 2018 volvería a estar en la largada de un maratón, esta vez en Chicago. Ahora sí, con una preparación adecuada para enfrentar el reto, las miradas estaban puestas en lo que conseguiría en la prueba Major realizada en octubre. En una jornada donde la lluvia fue protagonista desde el primer momento, la campeona olímpica mejoró su performance de New York consiguiendo un crono de 2h36.23 y la 11° ubicación, alejada del triunfo de la keniata Brigid Kosgei con 2h18.35.

Previo a su performance en Chicago, el año 2017 Jorgensen había sido madre por primera vez y se había unido al equipo de atletismo Bowerman Track and Feald, ganando los 10 mil metros de Standford (EE.UU) en 31m55.

Posterior a su performance de Chicago, la estadounidense comenzó a presentar una molestia en el talón de Aquiles que le impedía entrenar y competir con normalidad. La causa de la molestia se debió al síndrome de Haglund, una malformación ósea que provoca que se produzca un roce y tensión en el tendón. Para paliar el dolor, la olímpica prefirió operarse y seguir una larga recuperación.

Con la recuperación, Gwen Jorgensen cambió sus objetivos y sueños, siendo ahora clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokyo 2021 en los 10 mil metros planos. Para las 25 vueltas al recortan deberá conseguir uno de los 3 cupos en los trials que realiza la Federación de Atletismo de su país. En su última participación logró terminar en 32m39 la prueba, muy lejos de los 31m55 logrados el 2017, su mejor registro y los 30m47 de la ganadora.

En caso de querer lograr una medalla olímpica en los 10 mil metros planos, Jorgensen tendrá que mejorar mucho sus registros dado que, como referencia, el bronce en Rio 2016 fue de la etíope Tirunesh Dibaba con 29m42, más de 2 minutos sobre el PB de la norteamericana.


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